02/11/09

Adiós tío, hermano, abuelo


Más de una semana llevaba ya sin asomarme a esta cuesta. Hay tormentas que le enlodan a uno hasta los más severos apetitos, pero, cómo permanecer en este silencio desapartado al conocer la mala nueva de otro maestro inasible que se nos va. Ojos, gestos y voz, todo era temblor emocional en la figura inconfundible de este genio de la escena capaz de labrar una prodigiosa filigrana a partir de cualquier insulsa patochada y de elevar a la categoría de lo humano la más plana línea de diálogo debida a la impericia del guionista más iletrado. Dueño de un caudal inmenso, ya casi eterno, inagotable, José Luís López Vázquez nos deja aún más solos y más mustios que ayer.

Nos ha legado, sí, inapelables muestras de su talento encarnando personajes penetrantes e indelebles. Su nombre hace crecer y se crece junto al de Berlanga, Ferreri, Saura, Olea… Pero, ante todo, su partida nos deja desnudos frente a la descarnada imagen que ofrece de nosotros mismos el renegrido azogue del tiempo. Cada vez que veamos una de esas insustanciales peliculitas de cajón de sastre, con sus personajitos de patrón y sus chistes desabridos, constataremos una vez más por qué tugurios de mal ingenio hubo de pulular uno de los mayores monstruos de la escena ibérica y europea. Margaritas a los cerdos.

Perdón, maestro, si no lloro sólo por Usted, sino también por todos nosotros. Descanse en Paz, que a nosotros nos queda, en el mejor de los casos, la conciencia.



23/10/09

SOY UN PELELE EN CARTELERA


¡Al fin se estrena Soy un pelele! Después de que la productora le haya hecho la pirula a todo Dios, parece que ya no podían esperar más para embuchacarse los cuartos de la subvención y no han tenido más remedio que estrenar, aunque sea poco y mal, así como quién dice, de tapadillo.
Así que, quien quiera verla en pantalla grande que corra al CINE LUCHANA de Madrid, al CINE NÂPOLS de Barcelona o al MEGACINE BADALONA NOU. Que corra quién no quiera perderse el esperado regreso del inigualable Paco Calatrava, ni el descubrimiento del actor más gracioso del cine español: Jordi Ordóñez. Aprovecha para reírte ahora que puedes, que esto aún no ha tocado fondo.

22/10/09

Salamino


A veces sueño que he dejado la universidad recién empezada la carrera e imagino las aulas dónde se desarrollan las clases de asignaturas que han dejado de interesarme por completo. Noto, no sin cierta angustia propiciada por la culpa que se experimenta tras haber perpetrado un dispendio, como van pasando las sucesivas convocatorias de exámenes sin poner nada de mi parte para remediar lo irremediable.
Hoy, sin embargo, me vi dentro del aula, en mitad de una clase que debía de tener mucho que ver con la literatura. El profesor, una especie de versión treintañera del actor Eduardo Blanco, ponía un examen sobre una lectura reciente: El gaucho insufrible, de Bolaño. Yo no lo había leído para la clase, pero sí años atrás, así que me proponía responder las preguntas del examen en un único comentario de texto de corrido en que expresaba lo que me habían hecho sentir los cuentos y demás escritos compendiados en ese libro.
Primero titubeaba. Hasta cuatro hojas cuadriculadas había emborronado. Luego me faltaba alguna que otra palabra precisa. El profesor, que iba rondando la clase fijándose en lo que los alumnos redactaban, al notarme nervioso, me ha dicho, incomprensiblemente: Tranquilo que vas muy bien. Más tarde ha insinuado que si hubiera yo traído una botella de whisky a clase podríamos compartir no sé que combinado y que así todo estaría yendo mucho mejor. Y, en ese momento, verdaderamente me hubiera apetecido tener una petaquita a mano.
Me he desvelado cuando estaba escribiendo, esta vez sobre un folio liso: “…personaje de Cercas y Fresán, reanudado por su editor…” Lo que me ha obligado a despertarme ha sido mi incapacidad de recordar, dentro del sueño, el apellido de Cercas, al que me disponía a bautizar como Salamino. Yo sé porque he soñado todo esto, pero Usted tiene sed de abecedario y aquí le traigo las letras.

21/10/09

mañana


Mañana me levantaré temprano y desayunaré después de tomar una ducha, luego me sentaré a escribir hasta el mediodía. Comeré y saldré tal vez a ver el sol un poco más de cerca. Volveré a casa, a la escritura. Llegará al fin la noche, veré seguramente alguna película.
Mañana, un dirigible de óxido y sangre se estrellará contra los cristales de mi cabeza y el gran gavión arderá con todos sus soldados dentro. No habrá anguila de fuego, ni nudos, ni rabia, ni parapetos.

penelopea emética


No por haber visto tanto y malo deja uno de asombrarse frente a la hijoputez de estos repulsivos y zafios gobernantes. Aquellos que hasta hace apenas año y medio legislaban amenazando al común de las gentes con miras, supuestamente, a atajar ese apocalipsis laico que se dio en llamar cambio climático, ahora fomentan la fabricación de más y más automóviles –para disimular un ápice la bellaquería, encargan, entre tanto carburador, algún que otro prototipo eléctrico o hidrogenado.
De idénticas malas maneras, los mismos que aún no hace cuatro días quitaban importancia al desmantelamiento agrario e industrial de nuestro país, argumentando que la nuestra debía de ser una sociedad avanzada, fundamentada en la investigación y el desarrollo, sostenida por el tan cacareado valor añadido, ahora se desdicen y recortan estrepitosamente el presupuesto a semejantes áreas de conocimiento.
Repugna asistir a todo este tejer y destejer de unas mentiras para transformarlas en las siguientes. La entraña se resiente al advertir la constante invención de fantasmáticos conceptos que aterroricen al vulgo en cuanto sea preciso o le hagan sonreírse inundado en babas bobas si es eso lo que se tercia. En este país de mierda, ni manda patrón, ni manda marinero, me temo que ya todos somos náufragos y pronto alzará alguien la voz y la mano señalando quién es el lastre, la víctima propiciatoria a quién habrá que echar de la balsa, no sin haberle devorado antes, sirviendo de alimento para el resto de los famélicos e infortunados sometidos a la deriva que ha propiciado el alitoso bufido de los nuevos dioses putrefactos.

una sospecha


Desde hace unos días me asalta una sospecha que a algunos les resultará extraña e incluso puede que insidiosa, pero que otros tantos, sino unos pocos, sentirán afín a sus lineamientos espectrales. No me andaré con mayores rodeos, a cada día que pasa estoy más convencido de que el jovenzuelo que se halla apostado frente a la boca del metro, entre la entrada de la pizzería y la del negocio de souvenirs, es un zombie, un encarnado redivivo.

Hablo de un muchacho alto, no falto de carnes, que no debe de haber traspasado la frontera de los veinte años, poseedor de todo cuanto un organismo humano puede albergar y ejercitar. Sentado en el suelo, en una posición relativamente cómoda para la buena circulación de los veneros de sus nalgas, alarga la mano, ofreciendo la boca de un vaso de plástico a los transeúntes mientras repite, con voz grave y relentizada y a intervalos suficientemente regulares: “Muuuuchaaaas Graaaaciaaaas”.

Un mozo alto, con la corpulencia y el ingenio suficientes para cargar bultos, empujar carretillas, cavar zanjas o transportar cafés, aposenta su trasero sobre el gris de la acera, esbozando inverosímiles muecas de hombre desvalido, sincopando el tintineo de las monedas dentro del vaso, como si su fofa voluntad obedeciera a artificios superiores de recaudación. No puede ser ese muchacho sino un difunto precoz al que algún mal mago, perverso y pecuniario, ha puesto en circulación para acumular el residuo de la plusvalía diaria. ¿Cuántos habrá como él en la ciudad?

¡Ah, desgastado depósito de ínclita juventud, flor marchita de la vida, cúmulo malgastado de energía que hubiera sido capaz de remover las ideas y de desplazar el universo hacia adelante! ¡Verte reducido a parásito de la rúa, monedero de quincalla, cardo pedigüeño de voz mal timbrada! Me pregunto si, para devolverte la dignidad que ignoro si jamás has poseído, bastaría con alojarte una humilde bala en la mollera, como en las películas.